SINOPSIS

Teófilo Cañari recorre las comunidades aymaras del altiplano chileno, atendiendo enfermos que confían en su don como “Yatiri”, médico ancestral de su pueblo. Ha debido luchar durante años por el reconocimiento a su labor por parte de la medicina “oficial”, y ahora le transmite el conocimiento a su hija, depositaria de su  saber para las nuevas generaciones aymaras.

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RESEÑA

La salud desde el conocimiento ancestral Aymara.

Pastoreó, trabajo en una panadería, formó parte del ejercito e incluso se dedicó al boxeo, hasta que finalmente se reencontró con sus raíces, con la cultura aymara, y se convirtió en yatiri, médico aymara.

Teófilo Cañari a simple vista es un hombre común de más de sesenta años, que está casado y tiene tres hijas e incluso nietos, pero su humilde caminar y piel tostada, característica de quienes habitan el norte de Chile, guardan una historia de búsqueda y conexión espiritual.

Es la búsqueda de dibujar y encontrar su historia, la que haría que se fuera de Putre, su tierra natal para luego de varios años retornar a aquel territorio del altiplano que lo esperaba para mostrarle todas las bondades de la pachamama.

Teófilo Cañari, vuelve a su tierra, luego de haber experimentado diferentes oficios, a eso de los 21 año y se reencuentra con su familia. Es su tía Felicia González, quien de alguna manera lo guía en esta senda que iba haciendo mientras caminaba por su vida.

Felicidad González, es quien le enseña muchas de las cosas al hoy yatiri, sobre el mundo aymara, sobre la conexión con la tierra y sobre todo, la conciencia espiritual. Le cuenta por ejemplo la conexión que tenía su abuelo con los nevados de Parinacota, a los que Teófilo llama “centinelas del lago Chungará”. Es quien lo guía en el autoaprendizaje de la lectura de la hoja de coca, práctica y saber ancestral que hoy Teófilo utiliza para sanar a las personas.

Pero llegar a ser un médico tradicional aymara en un lugar como el CESFAM de Putre no fue tarea fácil, antes de lograr la aceptación del pueblo y de los propios médicos y funcionarios del centro de salud, los médicos ancestrales, debieron de alguna manera demostrar que su sabiduría era realmente sabiduría, hoy los solicitan, los piden e incluso los médicos alópatas los derivan para complementar sus tratamientos de salud.

“Costó al principio, la gente era incrédula, se había olvidado. Solamente creían en los médicos occidentales. Era triste porque la gente nos decía que éramos brujos”, señala Teófilo Cañari, quien tiene por bandera de lucha el hacer respetar y confiar en la medicina tradicional Aymara, una medicina que cree que se debe sanar el lado espiritual para impactar en el cuerpo físico.

TEASER Cap. 4 - Teófilo Cañari

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