SINOPSIS

Wilfredo Bacián tiene el sueño de repoblar Quipisca, el valle de su padre y sus antepasados, los quechua de la región de Tarapacá. Lo vemos movilizando a su comunidad –casi todos residentes en Iquique- en la epopeya del repoblamiento de un lugar con un potencial arqueológico y turístico insospechado.

WBPhoto01B
WBPhoto02B
WBPhoto03B

RESEÑA

La lucha por poblar Quipisca

Un pueblo quechua que parece olvidado, pero que aún perdura en los recuerdos de quienes lo habitaron, la lucha por repoblar Quipisca es la historia de Wilfredo Bacián.
En la región de Tarapacá, a 107 kilómetros de Iquique, conocida por sus aguas terminales, se ubica Mamiña un territorio indígena quechua, y muy cerca, y más desconocido, Quipisca, un lugar del que todos migran porque no hay oportunidades para estudiar o trabajar, no tiene señal de Internet, y en el que en definitiva, se hace difícil vivir dentro de la sociedad actual. Pese a esto quienes pasaron sus primeros años en el Quipisca añoran retornar al pueblo que los vio nacer.

Wilfredo Bacián es un chileno que pertenece a la cultura quechua, esa que es identificada con Perú, con los incas, pero que no solo habitaron territorios vecinos de esta pequeña angosta franja de tierra que es Chile, sino que también hicieron suyo gran parte del norte e incluso del centro del país. “Nos entendíamos como parte de una comunidad rural andina, que manteníamos tradiciones y costumbres propias, pero no existía este acento que hoy sostenemos con mucho orgullo de decir tenemos una historia de atrás que nos permite decir somos indígenas quechua”, señala Wilfredo al contar su historia, y esto se relaciona con que en la región de Tarapacá se tendió a pensar que todos las personas indígenas pertenecían al pueblo Aymara, incluso el mismo Wilfredo cuenta que él antes estaba incrito como aymara porque no lo reconocían como Quechua.

Casado de más de 40 años, con dos hijos y dedicado a la agricultura para subsistir, Wilfredo Bacián no olvida su cultura, ni tampoco aquel territorio habitado por sus ancestros y por él mismo, hasta los 12 años de edad. Fue precisamente de su vida en Iquique donde comenzó a formarse su personalidad de dirigente, al ver la discriminación de la que es objeto en la educación escolar, cuenta que: “en el curso éramos dos compañeros que teníamos rasgos del interior. Me acuerdo de mi compañero y había uno que siempre lo molestaba, le decía indio, lo trataba mal, lo discriminaba fuertemente. A mí igual me decían cosas, pero no se atrevían a decírmelas en la cara, tal vez porque mi otro compañero fue más sumiso, yo traté de sacar cierta personalidad”, sin embargo, no sólo de ahí viene, sino del ejemplo de su padre quien “fue un dirigente histórico en Mamiña”.

Pero la represión y discriminación, no solo forjaron su personalidad, sino que también despojaron a su pueblo de gran parte de su herencia cultural. “Recuerdo haberlo conversado alguna vez con mi padre; él decía que a ellos los criaron con ese temor y represión de que eso (nuestra cultura) era malo y no había que hacerlo. No había que hablar, no había que hacer ciertas cosas. Ese miedo se trasmitió generacionalmente y ellos también nos decían a nosotros que eso no se hace. Hay un desarraigo generacional de perdida identitaria”.

Para Wilfredo el desarraigo no puede seguir permitiéndose, es por eso mismo que lucha para que Quipisca vuelva ser repoblado, puesto que además de tener una fuerte herencia quechua, el pueblo tiene una significación como una suerte de resistencia a un proceso de chilenización que hoy encuentra resistencia en personas como Wilfredo que no solo luchan por los derechos de la tierra, de los lugares ancestrales, sino que también por el derecho de vivir en un lugar que debe contar con los requisitos que la sociedad actual exige para que por ejemplo un joven pueda vivir, o reciba atención medica, en definitiva los servicios que todo poblado debe tener para ayudar a la vida de sus habitantes.

TEASER Cap. 6 - Wilfredo Bacián

Postales